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Lo que ocurrió entre el 4 de septiembre y el 4 de noviembre de 1970.

Por Augusto Olivares B.
"EL CASO SCHNEIDER: ...Operación Alfa", publicado por el Departamento de Difusión de la Empresa Editora Nacional Quimantú

El 8 de mayo de 1970 en una entrevista concedida al diario de Santiago "El Mercurio", el entonces Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider Chereau, declaró: "El Ejército es garante de una elección normal, de que asuma la Presidencia de la República quién sea elegido por el pueblo, en mayoría absoluta, por el Congreso Pleno en caso de que ninguno de los candidatos obtenga más del 50 % de los votos". El 10 de mayo del mismo año protestó contra esa declaración en el mismo diario, el senador ultraderechista Julio Durán Neumann, quién aparecía en la época como lider de un grupo político autodenominado Democracia Radical.

Indispensable ubicarse en el tiempo en que se produjo la polémica y recordar la representación personal de las dos figuras que la protagonizaron.

Quién era el General

René Schneider Chereau, 41 años en el Ejército, oficial de Estado Mayor, de brillante carrera militar, fue designado Comandante en Jefe el 23 de octubre de 1969, en circunstancias conflictivas para las Fuerzas Armadas. Su saludo al Ejército al momento de asumir traduce en parte la compleja situación que entonces vivía la institución castrense: "Al asumir el mando del Ejército deseo expresar a todos sus miembros el alto honor que significa comandar a nuestra Institución, cuya trayectoria profesional y cuyos fundamentos doctrinales y de principios permanecen inconmovibles e inalterables frente a quienes han pretendido perturbar su normal conducta de acción".

Un soldado profesional que reunía en una compleja personalidad facetas tan llamativas como las derivadas de su afición a la pintura. Un compañero de armas al recordarle escribió: "Hay en la casa del General Schneider un altillo en donde había instalado su taller. Allí una tarde me expresó que el día que se retirase del Ejército tendría más tiempo para pintar. Ahora todo allí esta quieto: el atril, los pinceles y la tela en blanco".

Militar constitucionalista sucedió en el Alto Mando al General Sergio Castillo Aránguiz, quién debió dejar su cargo, llamado a retiro, porque no pudo controlar un levantamiento que se produjo en las filas, al frente del cual apareció Roberto Viaux Marambio, a la sazón General del Ejército, pero llamado a retiro. Ese acontecimiento se le conoce en jerga popular como "El Tacnazo", porque Viaux escogió el cuartel del Regimiento de Artillería Tacna, en Santiago, para precipitar el pronunciamiento, que constituyó un grave problema para el gobierno de la época presidido por el democratacristiano Eduardo Frei.

Un político profesional

El contradictor periodístico del Comandante en Jefe Schneider, Julio Durán Neumann, es el típico político profesional. Salido de la pequeña burguesía, con una juventud pobre, estudió en la Escuela de Derecho, y se hizo militante radical. Ambicioso de mando fue candidato a la Presidencia de la República en 1964 por las fuerzas de la ultraderecha, las que lo abandonaron en abril del mismo año para apoyar al democratacristiano Eduardo Frei, luego de comprobar que tenía mejor chance electoral que su abanderado. Durán, que había sido diputado, que entonces era senador, aceptó la misión que le dieron los imperialistas norteamericanos y ultraderechistas chilenos de conservar en pie su postulación hasta la elección misma, para impedir que el Partido Radical o una parte importante de él diera su apoyo al candidato revolucionario Salvador Allende, un médico socialista que postulaba por tercera vez a la Presidencia de la República, como representante del bloque izquierdista.

Julio Durán es un político ligado estrechamente a los intereses económicos norteamericanos y alemanes federales. No obstante su calidad de parlamentario mantuvo actividades económicas privadas, contándose entre ellas operaciones con la empresa norteamericana Anaconda, que explotó hasta 1970 el rico mineral chileno de cobre de Chuquicamata. En 1964 con motivo de la elección presidencial y del afán de los adversarios de la izquierda, Durán tomó contacto político con personeros de la Embajada de Estados Unidos. Fueron vitales para la conservación de su candidatura (sin destino) hasta el 4 de septiembre de ese año, los contactos con el norteamericano Joseph Jova, entonces Ministro Consejero de la Embajada de su país, pero identificado como el personaje más prominente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos en Chile. La contradicción entre el Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider, y el senador Julio Durán, que en 1970 apoyaba la postulación del conservador Jorge Alessandri contra la del socialista Salvador Allende, se produjo a cuatro meses de la fecha de la elección presidencial.

El período previo a la elección

Era un período turbulento, con el movimiento popular en ascenso y con una campaña presidencial en la cual figuraban tres candidatos. A los nombrados se agregaba el democratacristiano Radomiro Tomic, quién no obstante figurar como el postulante que representaba al gobierno de su correligionario Eduardo Frei, era resistido sordamente por este último, quién prefería la candidatura del ultraderechista Alessandri.

En un período de definición electoral el imperialismo norteamericano estaba más presente en el cuadro chileno que lo habitual. Se desarrollaba contra la izquierda una ofensiva publicitaria de un nivel tan agresivo que la Cámara de Diputados resolvió investigar su orígen, surgiendo así la comisión investigadora de la llamada "Campaña del Terror". Los resultados revelaron la existencia de mercenarios extranjeros y chilenos que desarrollaban la tarea de alarmar a la ciudadanía de Chile para presionarla en contra de la candidatura de Salvador Allende.

La extrema derecha con su fuerte aparato publicitario se empeñaba en convencer que la candidatura de Jorge Alessandri obtendría más del cincuenta por ciento de los votos con lo que resultaría elegido sin necesidad del pronunciamiento del Parlamento, en el cual tenía mucha influencia por su número los votos de senadores y diputados del Partido Demócrata Cristiano.

El embajador de los Estados Unidos Edward Korry, estaba convencido en 1970 que Allende sería derrotado y según su memorándum confidencial, enviado por un funcionario de la empresa norteamericana International Telephone and Telegraph (ITT) el 13 de noviembre de 1970, desde Chile a sus superiores en Estados Unidos, el diplomático pensó en un momento que el vencedor sería Radomiro Tomic. Esto no parece real porque Korry detestaba a Tomic y creía sinceramente que ganaría Jorge Alessandri. Este último, un personaje vanidoso, tomaba en cuenta ese juicio del embajador y dado su egocentrismo creía que esta apreciación era correcta, porque de no haberlo estimado así habría retirado bajo cualquier pretexto su postulación, ya que a su avanzada edad no quería exponerse a una situación ridícula. Encuestas de opinión pública realizadas en los meses próximos a la fecha de la elección alarmaron a los norteamericanos y a la extrema derecha chilena porque mostraron que las postulaciones de Alesssandri y Allende aparecían en estrecha disputa.

La última encuesta, previa al 4 de septiembre, no entregó "vencedor", pero expresó que la pugna se resolvería por un porcentaje tan pequeño que sería difícil determinar quién sería el elegido.

El valor de la "Doctrina Schneider"

Este cuadro sintético permite apreciar el valor que asumieron las declaraciones del Comandante en Jefe del Ejército. Su opinión de soldado profesional desalentó a la derecha y el encargado de expresar públicamente la indignación del imperialismo y de los capitalistas chilenos fue Durán, un personaje desinhibido, capaz de cometer cualquier despanzurro, si él le ofrece posibilidad de obtener alguna ventaja. El pronunciamiento del Comandante en Jefe del ejército adquirió tal importancia que empezó a mencionársele como la "Doctrina Schneider", y con ese nombre lo ha recogido la Historia.

Tan decisiva fue la posición pública del General, que bien puede decirse que es la razón número uno para los chilenos y extranjeros que decidieron su asesinato.

Los otros motivos

Otros motivos que precipitaron el homicidio del general Schneider aparecerán al comentarse distintos aspectos de los acontecimientos que se registraron entre octubre de 1969 y octubre de 1970. Dentro del Gobierno de Eduardo Frei existió un grupo que combatió la realización presidencial si previamente no se aseguraba la derrota de Allende.
Las maniobras para impedir el posible triunfo de Salvador Allende surgieron dentro de ese Gobierno y fuera de él, pero en todo caso es correcto señalar que en todo estaba la labor de la CIA.

Una maniobra apareció encabezada por un pintoresco personaje llamado Horacio Gamboa, quien llegó hasta el grado de General en el Ejército, el que luego de abandonar, le dejó a merced de sus propios instintos que lo llevaron a aventuras económicas descabelladas que lo desacreditaron a tal punto que se vio envuelto en cuestiones judiciales por giro doloso de cheques.

Horacio Gamboa fue descubierto como aparente jefe de una conspiración contra el Gobierno de Eduardo Frei, en 1970, pero su presencia contribuyó a restarle seriedad al asunto. La opinión pública ya estaba preparada para ver a Gamboa en "cualquier pantomima". Pero los que conocen las intimidades de la conspiración, saben que detrás de Gamboa estaba Roberto Viaux, ya transformado en civil y estimulado por una ambición digna de ser analizada psiquiátricamente.

Como el asunto Gamboa fue descubierto no hubo interés en profundizar, pero es justo decir que el verdadero gestor de él es Viaux. La posición definida del Comandante en Jefe del ejército les creó dificultades a los imperialistas y a la extrema derecha.

En el proceso electoral del año 70, hay que reconocer diversos matíces conspirativos que se detectaron en él. Hubo conspiraciones previas a la elección; esto es que se registraron manifestaciones sediciosas antes del 4 de septiembre y posteriores a esa fecha. Lo que está claro es que el período más dramático es el comprendido entre el mismo 4 de septiembre y el 3 de noviembre de 1970. En ese lapso la "Doctrina Schneider" es vital y por eso se puede reiterar que es el motivo uno de los asesinos y autores intelectuales del crimen contra el General.

Los sesenta días

El día 4 de septiembre en la tarde Salvador Allende, un político experimentado, tenía la certeza de que había obtenido la primera mayoría. En su departamento céntrico, en Santiago, el contendor derechista Jorge Alessandri esperaba el resultado. El sector del Gobierno de Frei, encargado del asunto electoral, estaba afectado por todo tipo de dudas. En el Ministerio del Interior se tenía la certeza de que Allende había sacado la primera mayoría y la duda principal radicaba en si era o no conveniente para los planes que estaban en marcha o los que había que preparar, reconocer esta realidad.

El jefe de las Fuerzas Militares de la provincia de Santiago era Camilo Valenzuela, General, quién sería denunciado en octubre, a raíz del homicidio del Comandante en Jefe del Ejército, que estaba en conocimiento de la conspiración contra Allende, a la cabeza de la cual figuraba Roberto Viaux. A Camilo Valenzuela se dirigió el comando electoral allendista al anochecer del 4 de septiembre para pedir autorización para un desfile y concentración, destinados a celebrar la victoria de la Unidad Popular (UP). Valenzuela dudó pero finalmente otorgó el permiso.

En el Palacio de Gobierno y en la candidatura alessandrista el ambiente reinante era contrario al que se advertía en el comando allendista. El Ministerio del Interior no entregaba los resultados finales y en el comando alessandrista existía la certeza de la derrota de Jorge Alessandri Rodriguez. Este último estaba en su departamento, con algunos familiares y junto a un anticuado receptor de radio.

El comando alessandrista principal funcionaba en una casa situada junto a los edificios llamados las "Torres de Tajamar", en los faldeos del denominado barrio alto de Santiago. El lugar era llamado para los efectos políticos internos "La casa de Irene".

Mientras Salvador Allende se reunía con los dirigentes de los partidos de la UP para preparar una táctica para los acontecimientos que se precipitarían, Alessandri aguardaba una información. De esta última me habló Onofre Jarpa, en esa época presidente del partido de ultraderecha Nacional, en un almuerzo que se hizo en casa de un amigo común a pedido del político alessandrista. Jarpa me dijo que al anochecer el Ministro del Interior de la época, el médico Patricio Rojas, de militancia democratacristiana pero por sobre todas las cosas pronorteamericano y hombre de confianza de Frei, llamó a Alessandri para decirle que "había ganado por un estrecho margen a Allende". Jarpa agregó que Alessandri lo telefoneó al comando para contarle lo que le había dicho Rojas a lo cual el presidente del PN le repuso que la "información es falsa", porque el vencedor "es Allende".

Esta versión de Jarpa la comprobé posteriormente en investigaciones realizadas dentro del freísmo y del alessandrismo. El vanidoso Jorge Alessandri se desencajó. Protestó ante sus familiares por "el engaño en que me han metido" y dijo que "nunca deseé ser candidato". Amargado, apagó el viejo receptor de radio y se acostó.

La derecha propiamente tal, perdió contacto con él y sólo lo recuperó al día siguiente, cuando ya el país estaba conciente de que Salvador Allende era el vencedor.

A esa altura empezó a ganar mayor importancia la "Doctrina Schneider". Estaba claro que las Fuerzas Armadas respetarían el veredicto del Congreso Pleno, que tendría que pronunciarse entre Alessandri y Allende.

Comienzan las maniobras

En el mismo almuerzo que ya mencioné, Jarpa me contó que él resolvió renunciar a la presidencia del PN, por considerar que dentro de las reglas de la política burguesa un lider ligado a la derrota debía dar paso a otros miembros de su colectividad para encarar la nueva situación. Según Jarpa, se opuso a su propósito Francisco Bulnes Sanfuentes, quien le manifestó que podría seguir en el cargo y si no deseaba mezclarse en lo que vendría estaba en condiciones de adoptar una actitud pasiva. La agresivad la asumiría en el futuro él, junto al senador Julio Durán. Jarpa no me comentó esa decisión de Bulnes, pero está claro que el propósito de mantenerlo en el cargo estaba destinado a producir la impresión que para el alessandrismo el proceso no estaba terminado.

Un político negociante

Es útil hacer una semblanza de Bulnes. Un político hábil, abogado, surgido de la oligarquía criolla, no obstante que como se lo señaló en una oportunidad el ex senador radical Exequiel González Madariaga, por su pelo tipo zambo, no guarda la línea de los castellano-vascos, que son sindicados como los formadores de la "clase alta" chilena.

Francisco Bulnes ha estado siempre ligado a los negocios, a tal punto, que en el parlamento fue acusado en 1969 oficialmente, de usar su investidura de senador para obtener prebendas personales. Ligado por apellido a personas ilustres de la Historia de Chile, Francisco Bulnes representa la continuación fenicia de la familia, que tuvo como alto exponente a su padre Francisco Bulnes Correa, a quien, graciosamente, sus amigos le llamaban "el oso con gripe", pero cuya principal característica se la daba su calidad de un poderoso clan económico, vinculado a las más variadas actividades del país.

La declaración de Alessandri

Bulnes cumplió su palabra. El día 9 de septiembre, Jorge Alessandri abandonó la imagen que le habían dibujado para mostrarse como un político recio, para mostrarse en lo que el pueblo llama un "politiquero". Entregó una declaración corta en la que agradeció a los ciudadanos que votaron por él, y agregó una frase que fue la clave del documento: "En el caso de ser elegido por el Congreso Pleno, renunciaría al cargo lo que daría lugar a una nueva elección. Anticipó, desde luego, en forma categórica, que en ella yo no participaría por motivo alguno".

Con la picardía propia de la familia, heredada de Arturo Alessandri Palma, anunció, pese a la derrota, su decisión de seguir en el juego político, pese a su edad y a un avanzado estado de arterioesclorosis. Francisco Bulnes y Julio Durán habían sacado la declaración de Alessandri y con ella esperaban alterar el cuadro.

El documento provocó un cuadro de inestabilidad tal que pronto empezó a hablarse del "peligro de enfrentamiento" entre alessandristas y allendistas. La lucha de clases encontraba una variante en el proceso criollo. El ambiente se cargó de tensiones.

Recuerdo que un día fui a conversar con Jorge Gómez Ugarte, quien entonces ocupaba un alto cargo en la jerarquía de la Iglesia Católica. Había tenido oportunidad de conocerlo como periodista años antes y por eso no me fue difícil conversar con él y desarrollar un diálogo en el cual pronto se habló de los peligros del enfrentamiento que podría crear el revanchismo de la derecha. Le hice presente a Monseñor Gómez que la Iglesia Católica no podía permitir que los cristianos se enfrentaran por la resistencia de un sector político ante un hecho consumado: la elección de un adversario. La advertencia estaba claro la planteé por cuanto estaba claro que había católicos con Allende y otros fanáticamente en contra suya. Monseñor Gómez me explicó que fatalmente la Iglesia "poco podía hacer", pero que esperaría "el momento para contribuir a llevar la paz al país".

Sobre Jorge Alessandri, quién seguía metido en su departamento, pesaban dos presiones: las de los que como Bulnes y Durán exigían que continuara prestando utilidad a la oligarquía y a los intereses del imperialismo norteamericano y la de los que le manifestaban que él podría transformarse en responsable de un enfrentamiento armado.

Recuerdo que una tarde, encontrándome en el diario "Ultima Hora" recibí un llamado telefónico. Al comienzo, luego de oir la voz de quien hablaba pensé que estaba frente a una broma, pero luego descubrí que efectivamente mi interlocutor era Jorge Alessandri Rodriguez.

Alessandri me llamó para protestar por un comentario que había hecho sobre su persona en el diario citado. Recuerdo que me dijo: "Déjenme tranquilo, hombre; si saben que ya dejé la política. Lo expresé claramente en mi declaración". Por supuesto que lo contradije ya que a mi juicio su documento lejos de aclarar el cuadro lo enturbió. Me rectificó agregando que el precisaba con nitidez su posición. Como insistiera en la frase que cité entre comillas del pronunciamiento del 9 de septiembre agravaba la tensión Alessandri respondió que haría otra declaración para que "lo dejaran tranquilo" definitivamente.

Con posterioridad un amigo íntimo suyo me señaló que Alessandri estaba furioso con Durán y Bulnes porque ellos "le habían agregado la frase". Repetí a ese amigo lo que le dijera a Alessandri: ¡Aclaren la posición del candidato y eso limpiará el camino! Aseguró que lo harían e insistió en que "no hablaran más de don Jorge". A esa altura los norteamericanos y los derechistas hacían jugar la doctrina Schneider a su favor. El mismo Durán que la había repudiado en mayo la usaba en septiembre.

El 7 de septiembre de 1970, el Comandante en Jefe del Ejército expresó ante los generales reunidos en el Consejo: "Hemos aceptado el veredicto de las urnas y reconocemos y apoyamos en estos momentos a dos postulantes a Presidente de la república que obtuvieron las dos primeras mayorías relativas: el señor Allende y el señor Alessandri. legalmente le corresponde al Congreso Nacional decidir cuál de los dos será el futuro Presidente de Chile, y a quién elijan ahí, sea quien sea, lo debemos apoyar hasta las últimas consecuencias".

Intervienen la ITT y la CIA

La maniobra de Bulnes y Durán entusiasmó a los norteamericanos. En un memorándum confidencial de Jack Neal. funcionario de la ITT, dirigido al vicepresidente de la empresa en EE.UU. William Merriam, el primero le cuenta al sucesor el día 14 de septiembre de 1970 lo siguiente: "Me encontré con el Attorney General Mitchell, así que decidí mencionar a Chile por si el tema le tocaba alguna relación de gabinete o en otra parte. Mr Mitchell mencionó su reciente encuentro con Mr Gennen sobre la inversión de la ITT en Chile. Le dijo que ya había hablado a la Casa Blanca y al Departamento de Estado".

Otro indicio de la inquietud norteamericana por el triunfo de Allende aparece en otra parte del mismo memorándum, cuando Neal escribe que el Subsecretario de Estado norteamericano para asuntos Latinoamericanos, Charles A. Meyer, le contó que: "el jefe de la Kennecot vino a informar que le parece que han perdido su gran zona minera de "El Teniente". "Las probabilidades aparentes y los medios de comunicación extranjeros parecen indicar que Salvador Allende recibirá el mando presidencial el 4 de noviembre, pero ahora hay una gran posibilidad de que no alcance a hacerlo. En Chile ha comenzado la presión para que Jorge Alessandri obtenga la victoria en el Congrso, el 24 de octubre, como parte de lo que se ha llamdo "la fórmula Alessandri" para evitar que Chile se convierta en un país comunista. Según este plan, después de su elección por el Congreso, Alessandri renunciaría como lo ha anunciado. El Presidente del Senado (un democratacristiano) asumiría el poder presidencial y se llamaría a nuevas elecciones dentro de un plazo de sesenta días. En esta elección, el Presidente Eduardo Frei, nuevamente elegible, se opondría a Allende. Y en tal competencia se considera a Frei fácilmente ganador. Tarde en la noche del martes (septiembre 15), el embajador Edward Korry recibió finalmente un mensaje del Departamento de Estado, dándole luz verde para actuar en nombre del presidente Nixon. El mensaje le dió autoridad máxima para hacer todo lo posible-menos una acción de tipo República Dominicana- para impedir que Allende tome el poder. En esta etapa, la clave es si tenemos una solución o un desastre es Frei, y cuanta presión los Estados Unidos y el movimiento anticomunista chileno pueden aplicarle en las próximas dos semanas. Los diarios de "El Mercurio" son otro factor clave. Es extraordinariamente importante mantenerlos vivos entre ahora y el 24 de octubre".

Este documento es uno de los que reveló en marzo de 1972 el periodista norteamericano Jack Anderson, y que fueron dados a conocer en Chile con el nombre de "Los documentos secretos de la ITT".

La intervención de los Estados Unidos

Con el triunfo de Salvador Allende, en las urnas, a la vista, los norteamericanos entraron a considerar válida toda fórmula que obligara a las Fuerzas Armadas chilenas a intervenir para contener la llegada del médico socialista a La Moneda.

En el informe confidencial de la ITT, de fecha 17 de septiembre, ya citado, se incluye la opinión del entonces Embajador de Estados Unidos en Chile. El documento expresa: "¿Son capaces los militares chilenos de habérselas con violencia a través de todo el país, o con una guerra civil? Sobre esto la opinión en Santiago está dividida. El embajador Korry ha dicho que considera a las Fuerzas Armadas 'un lote de soldaditos de juguete'".

Según el despectivo juicio de los norteamericanos, de acuerdo con lo dicho en el mismo memorandum confidencial, las Fuerzas Armadas se mantendrían apegadas a la Constitución. En una conversación entre el empresario chileno Arturo Matte y un agente norteamericano, descrita en el mismo memo se dice: "Una solución constitucional, por ejemplo, podría resultar en desordenes masivos, huelgas, guerrillas urbana y rural. Esto justificaría moralmente una intervención de las Fuerzas Armadas por un período indefinido. Pero se desprendía de la exposición de Matte que hay pocas esperanzas de que esto ocurra. Los marxistas no se dejan provocar. 'Se les puede escupir en la cara en la calle', dijo Matte, y 'darán las gracias'. Esto significa que la ultraizquierda se dá cuenta y toma todas las precauciones para neutralizar la provocación".

Arturo Matte es cuñado de Jorge Alessandri Rodríguez y ambos están ligados además por importantes negocios. La primera noción de las actividades de Matte para impedir la llegada de Allende a La Moneda la obtuve la noche del día domingo 6 de septiembre de 1970 cuando visité a un oficial de Ejército en retiro, que tuvo mucha figuración política en el pasado, como que fue varias veces Ministro: Oscar Fenner.

Las primeras manifestaciones del complot

Durante el curso del día 6 estuve en la casa del doctor Allende. Recuerdo bien la fecha porque en ella empezaron a producirse las primeras manifestaciones de resistencia de la ultraderecha contra el resultado de las urnas. El candidato elegido vivía en una casa de la calle Guardia Vieja, en el sector oriente de Santiago. Es una calle estrecha por lo que la utilizan para transitar casi exclusivamente los vecinos que habitan en ella. Sin embargo, ese domingo pasaron caravanas de automoviles elegantes, cuyos conductores hacían sonar las bocinas, dando dos toques cada vez; señal que caracterizó en la campaña presidencial a los partidarios de Alessandri, porque éste último llevó en la cédula única de votación el número dos.

Advertí que las caravanas estaban preparadas para acciones más directas e incluso fue fácil notar que deseaban perpetrar algunas provocaciones agresivas. El Dr. Allende estaba preocupado de asuntos derivados de la elección y no se inquietó por las manifestaciones hasta que le hicimos presente su carácter. Sugerí al candidato pedir protección policial para no tener que enfrentar directamente a los provocadores, en su mayoría jovenes adinerados.

Hice varios intentos para obtener la protección especial y no fue enviada. Le señalé al Dr. Allende que ante una petición como la nuestra lo natural es que un jefe policial haga consultas a sus superiores y que estos finalmente pregunten por la conducta a seguir al Ministro del Interior. Hice esta reflexión para remarcarle al dr. Allende que no había interés por parte de las autoridades del gobierno democrata cristiano por darle protección especial, no obstante que ya era notorio que los acontecimientos empezaban a tornarse violentos. Días más tarde el Dr. Allende se vió obligado a disparar desde el pequeño balcón de su casa sobre provocadores que fueron más audaces en sus ataques. En otra oportunidad una de esas caravanas puso en peligro la vida de una de las tres hijas del Dr. Allende y de una sobrina suya que actuaba como su secretaria, en los momentos en que llegaban a la casa. Uno de los jóvenes conductores de vehículos lanzó el suyo sobre ellas, las que alcanzaron a saltar hacia el jardincito que tiene a la entrada la casa de la calle Guardia Vieja.

Los acontecimientos registrados el domingo 6: las provocaciones de los ultraderechistas y la ausencia de protección policial adecuada para el candidato triunfante nos hicieron pensar a algunos que estabamos al frente de un asunto más delicado. En la noche de ese día junto a Rodolfo Ortega, piloto de aviación, hijo de un ex Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno del Frente Popular nos dirigimos a la casa de Oscar Fenner, pariente suyo, para iniciar la investigación de uno de los aspectos de la posible conspiración.

En casa de Oscar Fenner

Fenner se mostró sorprendido al vernos. Estaba evidentemente aterrado y no deseaba hablarnos sobre la materia que nos inquietaba. Buscamos a Fenner, porque él fue el abogado de Roberto Viaux Marambio, a quién le suponíamos nuevamente mezclado en un complot. Fenner nos dio algunos datos y entre otras cosas nos relató la visita que le hizo Arturo Matte, con el propósito de pedirle colaboración para el plan destinado a conseguir la elección de su cuñado Jorge Alessandri en el Congreso Pleno, que se congregaría el día 24 de octubre de ese mismo año.

Los datos de Fenner aunque vagos nos dieron las primeras pistas y ya al regresar a casa del Dr. Allende estabamos convencidos de que una conspiración ultraderechista con apoyo norteamericano estaba en marcha. Es conveniente recalcar que el candidato triunfante fue reacio a aceptar de inmediato nuestras aprehenciones. Con una consistente formación parlamentaria Aallende "no podía pensar que un Gobierno democrático pudiera permitir que le arrebataran un legítimo triunfo al pueblo".

Hablamos entonces de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de todas las fechorías que a través del tiempo han cometido los norteamericanos en el mundo y especialmente en América Latina.

Salvador Allende confía en la democracia chilena

El Presidente Allende, un hombre que raras veces pierde la serenidad, tenía plena confianza en "los mecanismos democráticos del país". Nosotros pensábamos que incluso se atentaría contra su vida, y recuerdo que desde entonces empezó a hablarse de cambiar de casa al candidato para buscarle un lugar más seguro. Encontramos su oposición. Político con coraje, Allende dijo que continuaría en su casa. Hechos posteriores fueron modificando su enfoque sobre la conducta "democrática" de los derechistas a quienes el pueblo chileno ha bautizado como "momios".

Si bien Salvador Allende aceptó la posibilidad que algunos intentaran impedir su llegada a La Moneda, rechazó las informaciones que hacían aparecer a hombres del gobierno de la época mezclados en una conspiración. Se resistió a pensar que "su amigo Eduardo Frei pudiera aceptar proposiciones de carácter sedicioso".

Pero la conspiración estaba en marcha. Los norteamericanos continuaron presionando indirectamente a las Fuerzas Armadas. En otro memorando confidencial de la empresa yanqui ITT(una de las empresas que participaron en el complot), de fecha 21 de septiembre de 1970 se escribió: "El Departamento de estado tiene poca o nada de fe en las ganas o capacidad de los militares chilenos de tomar el control. Si los democratacristianos le hicieran exigencias a Allende, como ser no cambiar la forma de gobierno, no meterse con los militares, etc. el Departamento de Estado dijo que Allende accedería pero no cumpliría sus promesas".

Es interesante recordar que días después se llegó a una negociación entre la Unidad Popular y los democratacristianos, en la cual estos últimos hicieron las exigencias que aconsejó el departamento de Estado, y de allí surgió el documento que se conoce como "Estatuto de Garantías". La conspiración estaba en marcha y se expresaba especialmente en atentados de corte terroristas. La policía civil del gobierno de Eduardo Frei "estaba despistada", no descubría nada.

Las denuncias de Allende a Jaspar da Fonseca

En un momento y cuando ya Allende estaba cierto de la conspiración, hizo llamar a su hogar al Director General de Investigaciones de la época Luis Jaspar da Fonseca, a quién le reprochó en términos enérgicos el equívoco comportamiento de su servicio.

Allende le entregó datos precisos sobre los atentados e incluso le aportó nombres de terroristas, anunciándole donde estaba oculto un personaje llamado Arturo Marshall, quién estaba ligado a Roberto Viaux.

La policía aseguraba que había hecho esfuerzos por ubicarlo, pero sin éxito. La hermana del Dr. Allende, la diputada Laura Allende, obtuvo una información del paradero de Marshall, y merced a ella Jaspard lo detuvo, pero presionado por el candidato triunfante.

La detención fue tragicómica, porque Marshall en un momento habló de resistir.

Luego quiso escudarse tras una mujer que estaba en la casa, que era de propiedad de un harmano suyo y finalmente se entregó cuando la policía lanzó bombas lacrimógenas al lugar donde estaba el fugitivo. Marshall tenía en su poder un fusil con mira telescópica, como el que la policía norteamericana encontró en poder de Oswald, el supuesto asesino del Presidente John Kennedy de Estados Unidos. A esta altura se había creado un dispositivo de seguridad para proteger a Allende y para descubrir la conspiración. En la tarea participaron elementos políticos revolucionarios, incluso varios de los que no habían apoyado la postulación electoral del Dr. Salvador Allende. Colaboraron luego de expresar que no aceptarían se le arrebatara el triunfo al pueblo.